construyendo cultura un libro a la vez

Pienso en la intimidad de ese instante en el cine cuando sos chique y mientras todes están concentrades viendo la película en 3D, vos te preguntás cómo se vería la pantalla sin los lentes. Entonces te los sacás y la imagen se desacomoda, extraña, nadie más lo ve. O cuando estás por subir al colectivo y notás ese charco de aceite de motor sobre el pavimento, el sol reflejándose en él forma una especie de arcoíris derretido. O cuando entrás a una iglesia y ves los vitrales resquebrajados y coloridos en la pared, una revelación entre tanta blancura y solemnidad. La poesía de Maitena Carballo está hecha de estos momentos en los que la cotidianeidad se deforma, toma profundidad, se vuelve mágica.

Rosario Bléfari escribió «desplegarse no es desaparecer». A lo largo de este montón de versos que se abren como flores eléctricas, papelitos con mensajes de amor escritos a las apuradas, carteles neones a mitad de la noche, Maitena se despliega, juega, prueba, vuelve a ser una niña asombrada por la primera vez de todas las cosas; le faltan palabras, llora de vez en cuando, se ve al espejo y lo rompe (consciente o inconsciente, quién sabe), ve con ternura y nostalgia esos retazos filosos que, alguna vez, reflejaron un cuerpo entero.

Yo me quedo con el sabor agridulce de los colores saturados que se superponen. Espero leer más de esta escritora que sigue experimentando y estirándose. Mientras tanto, para combatir la rutina monótona y los rostros desenamorados que pasan por la vereda, voy a repetir esa música en mi cabeza: te invito a / decir yo / ante cualquier oración, / a rendirle culto a la ternura que habita el ardor.


texto de contracubierta por Gonzalo Gauto Witte


Ficha técnica

1era edición - 72 p. - 19x13 cm

ISBN 978-631-91936-0-2

Impreso en Argentina

Caleidoscopio, Maitena Carballo

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Pienso en la intimidad de ese instante en el cine cuando sos chique y mientras todes están concentrades viendo la película en 3D, vos te preguntás cómo se vería la pantalla sin los lentes. Entonces te los sacás y la imagen se desacomoda, extraña, nadie más lo ve. O cuando estás por subir al colectivo y notás ese charco de aceite de motor sobre el pavimento, el sol reflejándose en él forma una especie de arcoíris derretido. O cuando entrás a una iglesia y ves los vitrales resquebrajados y coloridos en la pared, una revelación entre tanta blancura y solemnidad. La poesía de Maitena Carballo está hecha de estos momentos en los que la cotidianeidad se deforma, toma profundidad, se vuelve mágica.

Rosario Bléfari escribió «desplegarse no es desaparecer». A lo largo de este montón de versos que se abren como flores eléctricas, papelitos con mensajes de amor escritos a las apuradas, carteles neones a mitad de la noche, Maitena se despliega, juega, prueba, vuelve a ser una niña asombrada por la primera vez de todas las cosas; le faltan palabras, llora de vez en cuando, se ve al espejo y lo rompe (consciente o inconsciente, quién sabe), ve con ternura y nostalgia esos retazos filosos que, alguna vez, reflejaron un cuerpo entero.

Yo me quedo con el sabor agridulce de los colores saturados que se superponen. Espero leer más de esta escritora que sigue experimentando y estirándose. Mientras tanto, para combatir la rutina monótona y los rostros desenamorados que pasan por la vereda, voy a repetir esa música en mi cabeza: te invito a / decir yo / ante cualquier oración, / a rendirle culto a la ternura que habita el ardor.


texto de contracubierta por Gonzalo Gauto Witte


Ficha técnica

1era edición - 72 p. - 19x13 cm

ISBN 978-631-91936-0-2

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